11/5/08

Voidshit

Estoy harto de mi. Harto de ésta vida. Qué original.
Decir que tengo ganas de morirme es ya una redundancia tan asquerosa que hasta me da pereza pensar en ello.

Observando la cotidianidad y los estereotipos establecidos sólo soy capaz de llegar a unas pocas conclusiones, las cuales a su vez a lo único que me llevan es a una suerte de dolor sordo y una desesperación latente con la que soy capaz de definir el auténtico carácter del concepto de la soledad.
No hay dolor, no hay un yo, no existe nada por lo que luchar o quejarse.
Éso es la soledad y nada más.

Hace tiempo decidí rodearme de perros (muchos dirán que es una salida fácil, pues ellos no saben decidir ni pueden replicar ante mi soberbia) para no tener que estar con nadie en ningún lugar público donde estén vetados, pero la verdad es que a estas alturas, vaya a donde vaya, la misma sensación de vacío me muerde en el hueco donde debería estar mi autocompasión.

Estoy muy triste, pero no significa nada.
Estoy furioso, es lo habitual.
Estoy solo,...quién no lo está?

Estar solo no es no tener nada ni nadie al lado: es saber que existe un número limitadísimo de estereotipos y conocerlos todos de antemano.
Es saber que no queda nada nuevo, que ya se han extinguido todas las posibilidades, que no hay nada más y que lo único que puedes hacer es esperar que se te agote el tiempo que te resta.

El suicidio es un coñazo, sobre todo cuando no hay nadie mirando para decir "menudo imbécil". Y desde que sé que la muerte es indigna tenga la forma que tenga, el abismo que nos espera es aún más inconmensurable y eterno.

Nadie se acuerda de nosotros, nadie nos esperó nunca y nadie nos quiso cerca jamás. Cuando me digan que los perros van al paraíso o al infierno me lo creeré como un gilipollas sin dudarlo y empezaré a ser devoto y piadoso.

Quiero irme con ellos sea donde sea porque ya estoy muerto, como cuando vi a mi abuelo metido en el ataúd la semana pasada y lloré sin saber porqué, avergonzado ante mí mismo y la posibilidad del puro y bastardo formalismo.



Qué bonita eres, Ilsa.

5/5/08

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Cuando empezó la película me dieron la bienvenida. Curiosa actitud.

Salieron de la pantalla. Y ni siquiera es de plasma.

Discutieron durante un rato el método a utilizar.

Al final se decidieron y aquí estoy, sufriendo el tormento en éstas mis carnes que a veces parecen componer mi alma.

Me dieron la bienvenida con sus cuerpecitos mientras entraban hacia mi realidad.

Ahora sé que no hay nada que hacer. Ninguna alternativa.

Siempre creí que desangrarse dolía más.

Se me comen, mordisco a mordisco, royéndo.

Se me están comiendo y lo estoy viendo todo.

Me preguntaron el puro sentido y finalidad de la cinematografía.

Sólo les supe contar el final de "Get Carter".

Ciegos de ira y borrachos del resto de los Pecados Capitales trajeron a Michael Caine como Maestro de Ceremonias. Y aquí sigue, sorbiéndome los sesos a través de los ojos (previamente arrancados).


Ésto es una obscena y bastarda orgía de celuloide y el ruido de ese endiablado proyector me va a hacer estallar la cabeza.

Me han dicho que luego me curarán, que tienen que seguir mañana.
 
Y pasado.